Que pasó
Todo comenzó cuando el gobierno de Gabriel Boric avanzó en un proyecto de cable submarino de fibra óptica con tecnología china. Estados Unidos, bajo la administración Trump, reaccionó de forma drástica revocando la visa del ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, tras advertir que dicha infraestructura representaba un riesgo de seguridad para el hemisferio.
Con el paso de los días, se reveló que el gobierno chileno estaba al tanto de estas advertencias desde enero, pero decidió seguir adelante hasta que la presión escaló. La tensión aumentó cuando el embajador estadounidense puso en duda la continuidad de Chile en el programa Visa Waiver y surgieron nuevas acusaciones sobre el posible uso militar de observatorios astronómicos chinos en el norte del país.
El debate
La disputa pone a Chile en una posición incómoda entre sus dos principales socios comerciales. Por un lado, China defiende su derecho a participar en licitaciones tecnológicas y acusa a Washington de persecución política. Por otro, Estados Unidos exige lealtad en temas de seguridad estratégica, utilizando el acceso a su territorio (visas) como herramienta de presión.
En Chile, el debate se divide entre quienes critican al gobierno saliente por arriesgar beneficios ciudadanos como la Visa Waiver por un contrato tecnológico, y quienes defienden la soberanía nacional para elegir proveedores sin aceptar imposiciones externas.